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RESEÑA HISTÓRICA DE RÍO GRANDE

En nuestro calendario cívico nacional se levanta la bandera a toda asta cuando se llega la fecha de un hecho heroico cuya verificación nos alegra, en la medida que contribuyó a restituir la paz, a darnos mayor libertad o a levantar eso que se llama “el orgullo nacional”; aunque por otra parte se indica que la bandera se tiene que izar a media asta cuando la efeméride alude a un hecho luctuoso. Pero hay detalles en los que ni los diseñadores de dicho calendario, ni las autoridades en turno no se han puesto a reflexionar suficiente, y nos toca a los cronistas precisar o aclarar. Como ocurre con lo que sucedió en Santa Elena, durante y después de la década de 1560  que hoy comentamos.

La fundación, se ubica, cronológicamente hablando, el 18 de agosto de 1562; en tanto que se cuente con documento fidedigno que diga lo contrario. Esto ocurrió porque los nativos que vivían o pululaban en la región  fueron derrotados, destruidos, esclavizados, y porque perdieron, en síntesis, su capacidad de reacción, su organización social, su cohesión familiar, su libertad y sus posibilidades de vivir como era su costumbre, como era su normalidad.

Los fundadores y  co-fundadores de aquella  villa española, eran conquistadores, vinieron a lo que vinieron, y se comportaron sin miramientos, sometiendo a quien les trató de impedir su avance. Testimonios que ellos mismos dejaron nos lo refieren.

Testimonios  que  los mismos españoles manifiestan no les fue nada fácil conquistar y pacificar Santa Elena; quienes llevaron la peor parte, y luego acabaron casi por desaparecer, fueron los antiguos pobladores de la región. A cuyas mujeres se les sometió  para propiciar con ellas esta raza mestiza de la que ahora formamos parte. Un dato muy significativo, que nos puede dar una idea de la tragedia de la conquista, lo es la inexistencia de  vestigios de su  presencia. Incluso, como si se hubiesen extinguido en un abrir y cerrar de ojos. Es decir nada respecto a  los conquistados, cuyos nombres e historias previas cayeron en el más profundo e insondable de los olvidos.

Como ya generalizamos, La Región de Santa Elena de Rio Grande, estaba habitada por  tribus  pertenecientes a la gran “Chichimeca”, por cuyas razones Santa Elena, era identificada o ubicada  como la gran  frontera de esta nación de gentiles, ya que esta zona era el límite en que se  podía transitar con aparente tranquilidad, siendo imposible por consecuencia   aventurarse más al norte en esa época.

Don Alonso López de Lois, bajo el mando del capitán Francisco de Ibarra, único español que contaba  con  permiso o capitulaciones para buscar sitios  y fundar pueblos al norte de la Nueva España. Se interna  en  la tierra de guerra so pretexto de pacificar  la región de Santa María de las Nieves; ultiman los detalles de las exploraciones después de 1563, ya que así lo manifiesta Ibarra en el informe de ese año adjuntando plano de sus fundaciones, destacando como último ramal de conquistas, Santa María de las Nieves;  por lo que el  Capitán se apresta a internarse, reconoce junto a sus soldados palmo a palmo la tierra que posteriormente se puedan mercedar. Son relevantes los informes conocidos y las fechas donde se sancionan las primeras mercedes a nombre del  Oidor y Lic.  Alonso de Oseguera de fecha  18 de febrero de 1567, la primera; para el 4 de junio del mismo año son favorecidos los soldados Diego de Ortega, Hernán Luna quien es considerado el primer  capellán de la iglesia de la Santa Veracruz  y el capitán de la compañía y fundador  de Santa Elena de Rio Grande, Alonso López de Lois.

Ya instalado  en su estancia, se establece  la familia formalmente; doña Marina González esposa de don Alonso da a luz a la heredera del mayorazgo López de Lois en el año de 1572, a quien le ponen por nombre  Leonor López de Lois González, quien más tarde y para 1586 se casaría  con el legendario Capitán Francisco de Urdiñola quien es considerado como el co-fundador y pacificador de este territorio. Personaje destacado por su valentía y su diplomacia en tratados de pacificación, hombre de negocios y exportador comercial con Filipinas y Cantón, China, Gobernador de la Nueva Vizcaya,  padre ejemplar y de temple, muere en su estancia de Santa Elena de Rio Grande en el año de 1618; sus restos son inhumados por familiares en la iglesia de la Santa Veracruz de esta localidad y exhumados posteriormente para ser trasladados al Convento de San Francisco de la Nueva España  y depositados  en la capilla de San Raymundo de Peñafort Anexa a dicho convento.

“LA CRÓNICA DE MI PUEBLO, TESTIMONIO DE LA HISTORIA”

Ing. José Arturo Castillo Ramírez

CRONISTA MUNICIPAL DE RIO GRANDE, ZAC.

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